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Crímenes de Ferdinand Von Schirach

  • Foto del escritor: Jorge Gamboa
    Jorge Gamboa
  • 17 ago 2024
  • 3 Min. de lectura

“Perseguimos las cosas, pero son más rápidas que nosotros y nunca logramos darles alcance. Yo cuento historias de asesinos, traficantes de drogas, atracadores de bancos y prostitutas. Todos tienen su historia y no son muy distintos de nosotros.”

 

Ferdinand Von Schirach en el prólogo de “Crímenes”.

 

Gente, mucha gente. Estaba en la puerta de una iglesia y como siempre llevaba un libro en mis manos. Todos estaban vestidos de luto, a excepción de algún visitante ajeno a lo que nos convocaba allí: el funeral del papá de un amigo.

 

Las ceremonias previas o posteriores a los entierros siempre me llevan a pensar en la muerte de mis amados, y la mía misma: ¿Cómo será cuando mi papá o mi mamá mueran? ¿Será que a mi entierro irá alguien? ¿Cómo me recordará la gente?... y siempre lloro, también es algo común.

 

Nunca sé qué decirle a ese que llora la pérdida, y por eso últimamente he optado por simplemente abrazar y dejar que en ese abrazo las sensaciones hablen por sí solas.

 

Se acaba la ceremonia, y a la salida nos encontramos varios amigos. Era una situación extraña porque nos saludábamos con alegría muchos que hacía años no nos veíamos, pero al mismo tiempo estaba la tristeza de la muerte o el respeto por guardar las formas en un momento como ese. Yo con mi libro en las manos.

 

Por esos días andaba leyendo “1492” de Felipe Fernández Armesto, un libro que ayuda a entender ese paso de la Edad Media a la Modernidad. Me saludo con Fabricio, un amante de los libros y, como todo amante de los libros, se interesó por saber qué leía yo. ¿Qué tal ese libro? -me preguntó, señalándolo-. Me ha gustado mucho, vale la pena leerlo, se lo recomiendo -le dije-.

 

Así empezó una conversación que giró alrededor de libros y recomendaciones. Como abstraídos de la realidad nos metimos en el mundo de los libros, en un mundo paralelo. Siempre el amor por algo nos llevará a quererlo compartir, y cuando el azar permite encontrar “un otro” con ese mismo amor, de manera espontánea, surge una conversación que nos lleva a “otro mundo”.

 

Antes de despedirnos, Fabricio me pregunta si ya había leído “Crímenes” de Von Schirach, a lo cual contesté que no.  

 

- Von Schirach es un abogado penalista alemán y en ese libro relata algunos de los casos que ha defendido. Le va a gustar -me dijo-. Estiró su mano, nos despedimos y desde ese día no nos hemos vuelto a ver.

 

Tiempo después, en una librería encontré Crímenes y lo compré. Sin mucha expectativa empecé a leerlo y no pude dejarlo. ¡Me encantó!

 

A este libro le debo tres cosas en particular. Por un lado, el haberme encontrado con el prólogo que más me ha gustado de un libro; tengo la sensación de que a veces algunos prologuistas quieren parecer más interesantes que el mismo autor del libro que prologan (por eso he optado por leer los prólogos después de leer el libro, a modo de epílogo), y este prólogo carece de toda vanidad.

 

Por otro lado, le debo el relato de “El etíope”, que he leído varias veces y siempre me encuentro con cosas nuevas. La vida a veces nos pone en situaciones límite donde incluso la moral y la ética están en riesgo. Quizás, ser humanos también se trata un poco de eso, de ponernos al límite, de meternos en el hoyo. De morir y nacer de nuevo para aprender, para ponernos a prueba a nosotros mismos.

 

La historia de Frank, el etíope, me da ideas para fortalecer mi visión sobre el sentido de la vida: ¿dónde lo buscamos? ¿Hasta dónde debemos ir para encontrarlo? Una vez encontrado, ¿qué estamos dispuestos a hacer por él? ¿Si no hacemos mucho ya no es “un sentido de vida”? ¿Debemos “dar la vida” por él o si no, no tiene “sentido”?

 

Es paradójico -o quizás una coincidencia mágica-, que un libro recomendado en un funeral me lleve a la reflexión sobre la vida misma, y sobre las muertes que tenemos en vida. En fin…

 

La tercera deuda -que no había olvidado-, es la posibilidad que me dio este libro de hacer una lectura a modo de club, donde solo éramos dos: ella y yo. En algunos momentos nos leímos en voz alta y, desde ahí, desde esos lugares, desde esas vidas y esas muertes, germinó la semilla que despertó un interés profundo por el otro.

 

La palabra paradoja se repite de nuevo: inmersos los dos en relatos de injusticias, de robos, de asesinatos, nació, como suele pasar con el amor, la esperanza de uno nuevo; de uno que se convirtió en un gran amor. Quizás, incluso, ahora que lo pienso, no sea una paradoja, porque el amor también tiene algo injusto, y de ladrón, y de asesino.

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1 comentario


Invitado
22 ago 2024

Wowwww esta es la magia de los libros en nuestras vidas... y hablando de morir y pensar en la muerte... me acuerdo de Ricardo Candia, que en su libro "El exitoso e increíble Caso Y", decía que todos deberíamos tener la oportunidad de ver nuestra vida del modo en que se ve desde la lucidez de la muerte. No sería mal ejercicio morirse de vez en cuando para ver lo que se siente. También tengo muchas deudas con lo libros... Ufff les debo tantos momentos vividos, emociones, aprendizajes y sensaciones. Gracias Jorge por compartir tus deudas con estos compañeros de vida. Att. Carmen

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