El error: un catalizador para el liderazgo inspirador
- Jorge Gamboa
- 15 jun 2025
- 6 Min. de lectura
Estaba en un teatro en Cali con capacidad para unas mil personas. El aforo casi lleno. El público en su gran mayoría éramos magos que por esos días estábamos en un congreso de magia. Ya sentado en mi butaca, esperaba el inicio de una gala: un show de magia donde participarían varios magos latinoamericanos.
Se presenta el primero y el segundo, y llega el tercero. Un joven argentino.
Se abre el telón. Una luz cenital apunta a una silla que está en el centro del escenario. El mago entra, una música suena e inicia el show. Segundos después, algo —que no identifico bien— cae de la silla y de ahí en adelante se hacen evidentes varios errores que comete el mago. Uno tras otro. En un punto, visiblemente derrotado, se le ve hacer una pausa como pensando si continúa o no con el show.
No sé si pasaron 3 o 15 segundos de una quietud absoluta. El mago como rogando ayuda a una divinidad, el público expectante. De repente, algunos asistentes empezaron a vitorear cantos de apoyo, y se unen otros, y como un contagio algunos se paraban de sus sillas, otros simplemente gritaban. Era un ¡vamos, tú puedes! Y el mago recobró el aliento, continuó con su acto y lo terminó.
Una vez la música se apaga y la luz del escenario se enciende, el mago, conmovido, se dirigió a proscenio, dio una venia, y el auditorio en pleno se pone de pie y aplaude, mientras él con sus gestos se disculpa y agradece.
No podía creerlo. Era una celebración del error. El mensaje implícito era poderoso: se aceptaba la equivocación y se aplaudía el esfuerzo; había un reconocimiento de que todos hemos pasado por situaciones similares. Y esto —me dije— no pasa en las organizaciones.
En la mayoría de organizaciones, el error no solo se oculta; cuando se hace evidente, se usa como excusa para el linchamiento. Aquel que comete el error es presa de una crítica implacable. Y es precisamente bajo esa lógica que la ovación al mago argentino se vuelve un eco ensordecedor de lo que no sucede en las empresas.
Me surge la pregunta: ¿qué lleva a la poca tolerancia al error dentro de las organizaciones?
Esto se podría explicar de muchas maneras: miedo a una percepción de debilidad, egocentrismo y necesidad de control, enfoque excesivo en el resultado; sin embargo, quiero centrarme en una idea que vengo desarrollando desde hace algunos años y que llamo liderazgo de supervivencia.
Con este término no me refiero a la descripción habitual donde se hace referencia a liderazgos en crisis, entornos complejos y presión excesiva. Me refiero a lo siguiente: una manifestación extrema, dentro del entorno corporativo, de la lógica darwiniana donde los más fuertes o aquellos que no fallan sobreviven y prosperan.
Hago una radiografía para explicar mejor a qué me refiero con liderazgo de supervivencia:
Manifestaciones concretas:
Hablar duro para que la voz “se sienta”.
Necesidad de ganar argumentativamente a toda costa.
Confrontación de ideas ajenas por el hecho mismo de confrontarlas.
Búsqueda de visibilidad constante con el jefe.
Egocentrismo.
Falsos beneficios percibidos: creer que estas conductas ayudan a mantenerse en el puesto y abren un camino de ascenso.
Miedo subyacente: temor a no crecer, a que otro sea más visible y ponga en peligro su posición, a ser percibido como insuficiente para el rol desempeñado.
Es una lucha constante en la que se entra en una batalla innecesaria donde se dan codazos para abrirse campo. Lo que sucede es que a menudo hay una ceguera sobre el daño que se causa a sí mismo y a los demás, lo que puede confundirse con narcisismo.
Esta dinámica del liderazgo de supervivencia no es solo una actitud, sino que tiene consecuencias directas y palpables en los equipos y en los individuos.
Así, provoca que algunos miembros del equipo terminen callando su voz por huir al conflicto, perdiendo así perspectivas valiosas para el crecimiento. He podido evidenciar el estancamiento en equipos con miembros en liderazgo de supervivencia, donde la demora en la toma de decisiones es manifiesta, porque este tipo de liderazgo termina haciendo que las discusiones caminen en una rueda de hámster.
Y, en cuanto al individuo que habita en el liderazgo de supervivencia, este se hace “pesado” sin darse cuenta, y su actitud es reactiva, de defensa, eliminando la posibilidad de aprender de otros; y ni hablar de la incapacidad que tiene para escuchar y desde ahí proponer. En el fondo, estas conductas son el reflejo de miedos mal gestionados.
Con todo ello, concluyo que el liderazgo de supervivencia lleva a desaprovechar el verdadero potencial del error: el error, lejos de ser la falla que condena, es en realidad una poderosa fuente de aprendizaje y crecimiento, un catalizador que se desperdicia en un entorno dominado por la supervivencia.
La clave está en comprender que el problema no es el error en sí mismo, sino cómo nuestro liderazgo decide gestionarlo.
El error ha encontrado su lugar en los discursos alrededor del emprendimiento, la innovación y la creatividad, a menudo reduciéndose a frases de cajón que, aunque bien intencionadas —quiero pensarlo así—, carecen de sustento práctico: “el error es parte del aprendizaje”, “sal de tu zona de confort y atrévete a fallar”, “si no te equivocas, no estás innovando”. Y la realidad muestra que no se propician espacios de discusión para evaluar esos aprendizajes, tampoco se abordan las consecuencias de salirse de la zona de confort, y el significado de innovación suele diluirse y quita sentido al valor del error.
Desde una visión del liderazgo: ¿cuáles pueden ser los beneficios del error?
Beneficios transformadores del error.
El error estimula el aprendizaje profundo. El error impulsa a la acción de subsanar, revelando fallos sistémicos o brechas en procesos, comunicación o competencias del equipo. Es en esta necesidad de corrección donde emerge el verdadero aprendizaje profundo.
El error como constructor de resiliencia y confianza. Al aprender del error, no solo nos hacemos más fuertes y resilientes individualmente, sino que, al asumirlo y abordarlo como equipo, se forjan lazos de confianza que potencian directamente los resultados futuros.
El error como impulsor de la humanidad y la autenticidad. El error desmonta la falsa perfección. Al reconocer y mostrar nuestra falibilidad, el liderazgo se humaniza, fomentando la autenticidad y construyendo relaciones transparentes basadas en la realidad, no en la fachada.
El error fomenta la responsabilidad. Cometer un error impulsa una revisión crítica de nuestras acciones y decisiones. Esto genera una obligación inherente de responsabilidad con el rol, al evitar la reincidencia y asegurar la mejora continua.
El error fortalece la cohesión del equipo. Cuando el error se gestiona como una oportunidad (no como una amenaza), se disipa el miedo y crece la seguridad psicológica. Es en este ambiente donde los equipos se cohesionan, colaboran sin reservas y se unen con un propósito común, sabiendo que el apoyo es más fuerte que el juicio.
Un liderazgo inspirador es la antítesis de un liderazgo de supervivencia, por eso el líder inspirador entiende los beneficios transformadores del error y se presta para poner en marcha hechos para aprovecharlo al máximo. A continuación detallo algunas acciones concretas para lograrlo:
- Demuestra activamente que equivocarse es parte del proceso celebrando los intentos, no solo los éxitos. Cuando alguien cometa un error, tu primera reacción debe ser la curiosidad y el apoyo: ¿qué aprendimos de esto? y ¿cómo podemos evitarlo la próxima vez?.
- Cuando ocurra un error, en lugar de buscar culpables, lidera un análisis objetivo. Enfócate en el qué pasó, el por qué (sistemas, procesos, información), y el cómo podemos prevenirlo. Utiliza preguntas como: ¿qué factores contribuyeron al error?, ¿cómo estaba diseñado el proceso?, ¿qué información faltó?.
- Tú, como líder, debes ser el primero en reconocer tus propios errores, compartirlos abiertamente de forma constructiva y oportuna, y mostrar el aprendizaje que obtuviste.
- En lugar de solo señalar el error, ofrece retroalimentación específica para guiar el crecimiento. Pregunta: ¿qué harías diferente?, y ¿qué necesitas para mejorar?.
- Si alguien se equivocó mientras intentaba algo nuevo o asumía un desafío, reconoce y valora el esfuerzo y la intención positiva, incluso si el resultado no fue el deseado.
Es fundamental aclarar que esta invitación a capitalizar el error dista mucho de promover la negligencia o la irresponsabilidad. Un error transformador nace de la intención de hacer lo correcto, de la exploración, del riesgo calculado. La negligencia, en cambio, es descuido, desinterés, falta de diligencia.
El líder inspirador no solo distingue esta diferencia, sino que cultiva activamente una cultura donde el error es fuente de aprendizaje y la negligencia un comportamiento inaceptable. Quizás, si el mago argentino no hubiera demostrado en el escenario que detrás de cada error se escondía la intención del asombro, el público hubiera reaccionado diferente. No me cabe duda.
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Qué potente reflexión, Jorge, este artículo me resuena, muchas veces vemos cómo el miedo al error limita la innovación, la colaboración y, sobre todo, la confianza dentro de los equipos.
Me encanta cómo planteas el “liderazgo de supervivencia”, porque describe con precisión esa cultura donde el control y la defensa sustituyen el aprendizaje y la empatía.
El reto está en transformar esos entornos para que el error se vea no como una amenaza, sino como una oportunidad de crecimiento colectivo.
Gracias por recordarnos que un liderazgo inspirador también se construye desde la vulnerabilidad, la confianza y la humanidad.