top of page

¡Más allá de contar historias! Tu liderazgo se escribe con lupa y a velocidad lenta.

  • Foto del escritor: Jorge Gamboa
    Jorge Gamboa
  • 13 oct 2025
  • 5 Min. de lectura

Actualizado: 13 oct 2025

Derren Brown es uno de mis magos favoritos. No tanto por la magia que hace, pues está en la línea del mentalismo que yo no practico, sino por su integridad como artista, su erudición y cercanía con la filosofía. Es verdad que en mi pregrado había leído a Séneca y a Marco Aurelio, pero mi contacto profundo con los estoicos se lo debo a él y a uno de sus libros. 


Pero no hablaré de los estoicos, era solo la anécdota lo que quería contar. En ese libro, que siempre recomiendo diciendo que es uno de los mejores que me he leído, hay una frase que me encanta y que además apropié. “Todos nosotros somos producto de la historia que nos explicamos a nosotros mismos”. Y hay historias de historias, y también la moda del storytelling y el storydoing, y todas las recomendaciones que vienen con ello, y la explicación de su impacto mediante la neurociencia y el “cuenta historias para que conectes”. 

Se nos olvida muy constantemente, que el liderazgo empieza con nuestra narrativa interna. Por eso puede que todos esos lugares comunes del contar historias funcionen, pero se quedan cortos a la hora de crear bases para un liderazgo más profundo, más íntimo,  para desde ahí trascender en lo exterior. 

Me explico. Cuando Derren Brown dice lo que dice sobre las historias, no esta hablando de aquellas que les contamos a los demás —al menos en principio—, sino de aquellas que nos contamos a nosotros mismos, al cómo interpretamos nuestra historia y desde ella nos definimos; puedes contarte la historia de lo duro que te tocó al tener un padre ausente y del dolor que eso te produjo, o de lo resiliente y valiente que eres al lograr lo que has logrado a pesar de tener un padre ausente. 


Así, por un lado está la historia que te cuentas, esa narrativa que usas contigo en tu día a día, y por otro, el mundo y la época en la que nos tocó vivir que carece de esa narrativa profunda. Quizás por eso hablamos mucho de conectar, conectar con otros: los clientes, la gente del equipo, los aliados estratégicos; y poco hablamos de trascender. 


Conectamos y desconectamos. Todo el tiempo. “Dame un momento ya me conecto” para al acabar la reunión desconectarse y conectarse a otra, lo mismo con el celular que conectamos y desconectamos según el nivel de batería que tengamos. 


Al conectar pero también poder desconectar, entramos —todos—, en el terreno de lo descartable. Aquello que conectó con un candidato y lo hizo elegible, se hace descartable porque es fácil desconectar en la medida en que ese otro, en un corto periodo de tiempo, no “cumplió” con las expectativas o porque en una evaluación de desempeño (que se limita a unas categorías impersonales) salió “mal” calificado. Y eso mismo hacemos con nuestra propia historia, la llenamos de experiencias que vamos descartando según van llegando otras y la pregunta sobre ese líder que estamos construyendo no encuentra respuesta sólida. Nuestra historia la llenamos de “conexiones” y no de trascendencia.

Lo difícil —si queremos escribirnos una nueva historia—, está en que tenemos un contexto poco trascendente y muy de “conexión”. La narrativa generalizada omite historias que hablen de un compromiso profundo con uno mismo y los demás, historias escritas con lupa en medio de silencios prolongados y a velocidad lenta. Se prefiere el post ligero de frases “poderosas” y la velocidad en los audios a 2X del WhatsApp.  

Se nos ha olvidado que el narrar una historia implica una escucha activa. Por eso escucharnos a nosotros mismos es importante: ¿cómo podremos contar a otros, cuándo no nos escuchamos a nosotros mismos? Pero parece que eso no importara, porque vale más la velocidad que la permanencia.


La única forma de revertir esta tendencia y de construir un liderazgo sólido es cambiando la historia que nos contamos. Un líder sólido no es el que tiene la historia más heroica o el post más viral, sino el que es capaz de contrastar la realidad (el error, el fracaso, el dolor, todos sus aciertos) con una perspectiva de aprendizaje y crecimiento.


Aquí la narrativa interna del líder se convierte en un ejercicio de autoría personal. El verdadero líder es aquel que se reconoce como el autor principal de su historia, no solo un personaje que reacciona al guión impuesto por la narrativa común.


Ese líder y su historia es el que toma el hecho (lo que sucedió) y reescribe su significado (lo que aprendió y lo que eligió hacer). Este es el verdadero fundamento que permite que el líder deje una huella en lugar de solo cumplir con sus funciones. Es la capacidad de elegir el lápiz y reescribir el capítulo cuando el contexto solo te ofrece un borrador.

Como dice Derren Brown, "la buena noticia es que podemos concedernos el permiso a nosotros mismos para cambiar nuestra historia." Es una decisión que no espera permiso externo. Por eso, estoy convencido, es el momento de ser el editor de tu propia historia.

Aquí tienes tres ideas para escribir esa nueva historia que te puede llevar a trascender como líder.


1. Revisa el borrador que te contaste, con el objetivo de enfocarte en la autocrítica constructiva y la posibilidad de darle un nuevo encuadre al evento que te estabas narrando.


No se trata de ignorar aquellos hechos que no te gustan tanto, que te han generado dolor o no te despiertan mucho orgullo. La idea es cuestionar la interpretación que haces de ellos. Eso te permitirá identificar si eres víctima o autor. Y cuando vengan nuevos sucesos, podrás preguntarte también: ¿qué historia estoy usando para explicarme este evento?


2. Tu liderazgo no es una conexión temporal: pensar de esta manera te permitirá consolidar la idea de permanencia. 


Una historia poderosa se escribe con pausas. Las palabras que nos obligan a la prisa —"siempre", "nunca", "ya", "debo"— son los mayores enemigos de la trascendencia. Estos adverbios crean una historia de conexión temporal que se agota. Un líder sabio reconoce que el compromiso profundo con una idea (la permanencia) requiere eliminar la prisa. La velocidad lenta es un acto de coraje y claridad para enfocarse en lo que realmente importa.


3. Pensar en un estándar de permanencia: la prueba más grande de tu liderazgo no es lo que logras mientras estás presente, sino lo que perdura cuando te has ido. Si la historia de tu liderazgo se puede descartar con facilidad, es porque se ancló a una conexión temporal y no a una permanencia.


Para trascender, tu narrativa interna debe ir más allá de la simple "historia de trabajo" (algo que se termina) hacia una historia de servicio (algo que transforma y perdura en el otro).


Tu liderazgo no consiste en dejar una placa con tu nombre (el falso legado), sino en establecer un estándar de valor que el equipo no pueda disminuir, incluso sin tu presencia. Ese estándar es tu contribución más valiosa. Identifica la idea o el valor que quieres que permanezca en los procesos o en las personas, allí reside el verdadero contraste y la huella profunda que habilita el impacto de tu liderazgo.




Si quieres fortalecer tu liderazgo de manera consciente, agenda tu sesión de diagnóstico gratuita aquí ➡️ www.jorgegamboa.co/agendar


Entradas recientes

Ver todo
La confianza no es el corazón de los equipos

Decir que la confianza es el corazón de los equipos es un lugar común. Acá propongo mi visión sobre la confianza, hablo de su importancia y propongo ideas para construirla.

 
 
 

Comentarios


¿Qué te pareció este artículo?

Si te gustó, puedes compartirlo en redes sociales.

Jorge-Gamboa_Amarillo-Negativo.png
Sígueme en...
  • White LinkedIn Icon
  • White Instagram Icon

Más información en

info@jorgegamboa.co

©2024 - Powered and secured by Wix.

bottom of page