Sobre esta sección de qué le debo a los libros
- Jorge Gamboa
- 30 may 2024
- 3 Min. de lectura
Actualizado: 13 jul 2025
Cada libro contiene una, varias, o muchísimas historias y al mismo tiempo cada
libro tiene su propia historia, como la tenemos todos: nacimos, crecimos,
desarrollamos una forma de habitar este mundo y de adueñarnos —o no— de
nuestra vida.
La historia de cada libro es esa forma de estar. Nace en las ideas de su autor, en
todo el proceso previo a su escritura, a su escritura misma, y una vez publicado va pasando de mano en mano, de mente en mente, construyendo su propia historia.
Recuerdo muy bien la mayoría de las anécdotas que me han llevado a tener un
libro en mi biblioteca. Muchas de ellas son coincidencias mágicas que han sido
fuente de inspiración en mi vida. Algunas son anécdotas curiosas como, por ejemplo,
recibir un mensaje donde me dicen que un mago chileno viene a Colombia y me
piden si puedo tener una llamada con él para recomendarle actividades en Bogotá.
Y la llamada se da, y también el recogerlo un día en el hotel donde se estaba
quedando para hacerle un pequeño tour por la ciudad y en su último día llevarlo al
aeropuerto y en medio de la conversación, con sorpresa, recibir un libro de regalo.
Otras son anécdotas simples, que no pasan de una pesca en el recorrido por una
librería, o una recomendación recibida por alguien.
Tengo libros de todo tipo: grandes, pequeños, muy pequeños, viejos, muy viejos,
como una edición de la Historia de Heródoto de 1817; también los tengo muy
nuevos y ahora en versiones digitales gracias al aparato para leer que
tuve la fortuna (y el desbloqueo de un mito que se había incrustado en mí sobre la
lectura en digital) que decidí comprar.
También los tengo de diversos temas. Mis bibliotecas (que tengo varias en mi
casa) están organizadas por temáticas: historia, filosofía, filosofía política,
psicología, biografías, novela, cuento. Y de todos, absolutamente todos he leído
algo: una frase, un párrafo, un capítulo o muchos capítulos, incluso algunos los he
leído completos (de todo ese universo en casa, los menos son esos leídos
completos). Por eso digo, como decía un profesor de mi universidad, más que un
buen lector, soy un muy buen “hojeador” de libros.
Hay libros, como pasa con muchas personas, que han llegado a mi vida sin mayor
trascendencia: llegan y se van y ni cuenta me di; y otros que se han incrustado en
lo más profundo de mi ser. A estos últimos es a los que más cosas les debo y a
ellos me quiero dedicar en este espacio para así contar qué le debo a cada uno
de ellos.
Tengo que confesar que no me gustan mucho las reseñas ni los resúmenes de
libros. Entiendo el sentido de esas reseñas y esos resúmenes, pero prefiero
descubrir cada uno de esos libros y hacer mis propias interpretaciones.
Por eso, antes que hacer reseñas o resúmenes, lo que quiero es contar qué le
debo a algunos de esos libros que han pasado por mis manos. En esa deuda hay
grandes aprendizajes, reflexiones que me han llevado a cambiar opiniones, a
modificar alguna conducta, o me han inspirado a descubrir otros mundos que no
tenía presentes en el mío.
Qué le debo a los libros es una iniciativa muy visceral. No tiene un análisis
profundo. Es un libro, mi interpretación, lo que hizo esa lectura en mí y un
compartir.
Deseo que este espacio te inspire a encontrar tus propias lecturas y sobre todo a
hacer tus propias interpretaciones y quizás un día me escribas contándome qué le
debes a un libro, y así empecemos a compartir y nos volvamos una gran
comunidad de deudores reportados en las centrales de riesgo que harán de este
mundo algo mucho mejor. Porque el riesgo que se corre es que un día nos
encontremos con un libro que realmente nos cambie la vida. Te propongo que
vayamos en esa búsqueda.

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